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‘Sepp’ Herberger, el Luis Aragonés alemán

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‘Sepp’ era el benjamín de seis hermanos en una familia de clase trabajadora que a los 14 años, a la muerte de su padre, tuvo que empezar a trabajar. Comenzó en la construcción para luego incorporarse a una fábrica de metalurgia. Sin embargo, lo que de verdad siempre atrajo su atención fue el fútbol. Debutó en el Waldhof Mannheim con 17 años. Equipo en el que se reveló como un goleador de enorme carácter competitivo y una energía inagotable. Eso le llevó a ser convocado en 1921 por la selección alemana, con la que debutó ante Finlandia en un encuentro que concluyó 3-3.

Herberger tenía muy claro que su apuesta por un fútbol profesional. Y del Waldhof se marchó al VfR Mannheim, el gran rival de los primeros, donde fue aceptó un pago que era ilegal y fue sancionado durante un año por incumplir los estatutos del fútbol amateur. En 1925, con 28 años, marcó para el Mannheim el gol que le proclamó campeón del Campeonato del Sur de Alemania. Un gol que le permitió, además, vestir por tercera vez la camiseta alemana, esta vez frente a Holanda.

Reichsfussballtrainer, sustituyendo al mítico Otto Nerz

Un año más tarde se marchó a Berlín, enrolándose durante cuatro años en el Tennis Borussia. Allí inició los estudios de entrenador en la Universidad de Educación Física de Berlín,graduándosee con las mejores notas de su clase y una tesis que tituló «Hacia el máximo rendimiento en el fútbol». Con su título en la mano fue contratado durante cuatro años por la Federación de Deportes de Alemania Occidental como entrenador senior. Para entonces ‘Sepp’ ya había hecho un nombre en el fútbol alemán y después del fiasco de la selección alemana de fútbol en los Juegos Olímpicos de 1936, los que Hitler usó como propaganda nazi, Herberger fue designado como nuevo Reichsfussballtrainer, sustituyendo a otra leyenda, Otto Nerz.

Su primera prueba, el Mundial del 38 resultó fallido, dicen las crónicas que por la intromisión política que le obligó a alinear jugadores austriacos, tras su anexión. Alemania fue eliminada en la primera fase y luego estalló la Segunda Guerra Mundial, en la que se suspendieron todas las competiciones internacionales. Sepp, sin embargo,mantuvoo el contacto con sus jugadores y se puso manos a la obra para reconstruir la selección tras concluir el conflicto. Herberger fue nuevamente designado seleccionador en 1950, año en el que Alemania fue excluido del Mundial. Hasta noviembre no disputaron su primer partido, ante Suiza en Stuttgart, con 115.000 espectadores en las gradas y untriunfoo por la mínima.

La Copa del Mundo de 1954, en la vecina Suiza, no contaba con Alemania entre las candidatas a ganarla. Pero Sepp construyó un equipo rocoso alrededor de la figura del legendario Fritz Walter. Los teutones habían vencido convincente a Turquía (4-1) para después caer goleados (8-3) ante los húngaros con un equipo plagado de suplentes, resultado que por el que Herberger fue muy criticado. Sin embargo, el técnico contaba con esa derrota en el plan que había ideado para intentar llegar lo más lejos posible. Esa derrota suponía que Alemania se jugaría el pase en un partido de desempate con los turcos, de nuevo. Y los de Herberger volvieron a deshacerse de los otomanos (7-2). Eso les abrió un camino relativamente accesible con cruces en cuartos ante Yugolasvia (2-0) y en semifinales (6-1).

Puskas realiza un remate en la final del Mundial del 54 entre Hungría y Alemania

Puskas realiza un remate en la final del Mundial del 54 entre Hungría y Alemania / DFBd

‘El Milagro de Berna’

‘Sepp’ pasó de ser un «técnico arrogante» a «un prodigioso estratega futbolístico». Son recordadas algunas de sus frases más clásicas como «Un partido dura 90 minutos» o «El balón es redondo». El 4 de julio de 1954 Alemania saltó al campo con su once de gala para volver a medirse a los mágicos magiares, a los que Heberger había estudiado minuciosamente. Pese a que los húngaros ganaban ya 2-0 a los ocho minutos con goles de Czibor y Puskas, a los diez Morlock reducía el tanteador y en la segunda parte le daban la vuelta con dos goles de Helmut Rahn. El partido pasó a la historia de Alemania como el ‘Milagro de Berna’ y Herbeger se convirtió en una leyenda del deporte alemán. Sepp era capaz de motivar como nadie a sus jugadores, de sacarle lo mejor y ningún equipo suyo se rindió jamás hasta que el árbitro pitó el final.

Era extremadamente minucioso en lo táctico, pero además pocos equipos ofrecían la resistencia física de su Alemania, además de ser un equipo disciplinado y muy fuerte. Características que han perseguido a la Maanschaft desde entonces. Pero más allá de esa aportación técnica, el técnico aportaba un valor añadido por su trato cercano con los jugadores y por su empatía con un grupo en el que implantó el siguiente lema: «Más allá de once jugadores tenéis que ser once amigos».

Aquella victoria en Berna fue el primer ladrillo de la renovación en una Alemania devastada tras la posguerra. El fútbol le permitía recuperar su orgullo y confianza para levantar un país ruinas. Herbeger recibió la Orden Nacional al Mérito de Primera Clase en 1962 y fue seleccionador hasta 1964. En el Mundial del 58 Alemania llegó a semifinales, cayendo con Suecia en semifinales y con Francia en la consolación. Y en 1962, en Chile, fue eliminada en cuartos por Yugoslavia. Sepp se despidió como seleccionador ganando a Finlandia, la misma selección ante la que debutó como jugador y falleció en 1977 a causa de una infección pulmonar en su ciudad natal de Mannheim a la edad de 80 años.

Herberger era un estudioso y un apasionado del fútbol, pero al tiempo era un tipo peculiar de enorme carisma que conocía como pocos los códigos del vestuario y del césped. Fue el Luis Aragonés alemán. El Vicente del Bosque sería Helmut Schön, que tomó el relevo de Herberger y llevó a Alemania a ganar la Eurocopa en 1972 y el Mundial del 1974.

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