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Nuestros sueños no son universales

17/02/2023 19:30

  • Clarín.com
  • Sociedad

Actualizado al 17/02/2023 19:30

Madre. Padre. Hermano. Hijo. Sobrino. Tío. Son palabras que en un primer momento remiten a una sensación amorosa, protectora. A veces, muchas, reflejan lo cierto. Otras, también bastantes, son una simple rémora de lo que pudo haber sido y no fue. Nos ilusionamos con que el vínculo con tal o cual ser querido -o incluso un amigo cercano- debiera haber ido por otro camino e intentamos reconducirlo. Sin éxito, de tanto en tanto.

He sabido de una nieta que buscó y encontró a su abuela, una mujer ya mayor que casi adolescente había tenido que dar en adopción a su hijo concebido como fruto de un abuso cometido por el hijo de una familia ¿bien?. Al principio, no todo fue color de rosas. Se hablaron, luego se vieron, pero había cierta lejanía de parte de la abuela: no quería que le recordaran ese pasado. Aunque no había sido culpable de nada, todavía se sentía avergonzada. Por eso el primer abrazo no fue el soñado. A veces la partecita de Hollywood que cada uno lleva consigo nos juega una mala pasada.

Una voz interior nos puede susurrar que el peso de la sangre es inalterable. Por eso se trata de intentarlo una y otra vez, aunque duela. ¿Pero qué hacer cuándo el malestar que se genera en los encuentros se vuelve tóxico? ¿Tiene sentido insistir? Para algunos, sí. Para otros, no se puede invertir la vida en una cruzada destinada a la derrota. Y claro que las respuestas se complican aún más cuando hay ex parientes políticos. La genealogía ya se difumina y alguna razón sobre la que no vale razonar, nos deja de lado, nos limita. Es difícil atravesar ese muro cuando el “no” desconoce atenuantes.

Quizás todos debamos aprender a convivir con lo posible. Nuestros sueños no son los de los otros. Nuestra verdad, tampoco. Hay que darle tiempo al tiempo, a lo mejor las fichas rotan de lugar. Ha habido varias historias de hijos de desaparecidos que, en un primer contacto por parte de Abuelas, rechazaron toda exploración de la historia. Pasaron años y ellos empezaron a ver cosas que antes no. Algunas realidades duelen demasiado y sólo es posible acercarse a ellas de a pasitos milimétricos. O nunca, quién sabe.

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