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Los cárdenos de Escolar propician otra tarde gris y plana en Las Ventas

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El desrazado juego de los seis cárdenos de José Escolar, con los que este martes se abrían los tres días «toristas» de la feria, propició otra tarde gris y de planos resultados en el que ya es uno de los peores San Isidros de los últimos años, con mucho público en los tendidos pero con un pobre balance artístico.

La corrida que hoy echó en Las Ventas el ganadero de Fuenlabrada, que venía lidiando en los últimos años algunos ejemplares de encastada emoción, estuvo vacía de casi todo, sin dar espectáculo siquiera ante los caballos, momento que tanto disfruta la afición más crítica de esta plaza.

Sin empujar apenas en el peto y doliéndose del castigo del hierro, la mayoría llegaron sin entrega al último tercio, para defenderse con aspereza aunque sin desarrollar tampoco un excesivo peligro dentro de unas complicaciones que pudieron solventarse con simple oficio.

Con todo, alguno «se dejó» algo más, como un primero que, con posibles problemas de visión por el lado izquierdo, pasó pacíficamente por el pitón derecho, por donde Robleño lo toreó con cauta corrección, más o menos como le sucedió con el cuarto, un toro de curioso pelo remendado (sobre los lomos cárdenos le caía una manta de pelo negro) con el que el veterano madrileño tampoco acabó de dar el paso.

Al segundo le hicieron ir tres veces al caballo que manejó con buen tino y efectividad Alberto Sandoval, ya que el de Escolar tardó en arrancarse y tampoco se empleó en los encuentros. Aun así, aunque se frenó en banderillas, el «albaserrada» pegó media docena de embestidas estimables a la muleta, las de la inercia inicial, con las que Damián Castaño se asentó y se descolgó de hombros.

Pero hasta ahí duró la cosa, una vez que, frenado el primer impulso del animal, hubo que espaciar los pases y el torero de Salamanca ya se ajustó menos en los cites de una faena a menos y que finalizó con una estocada en la que resultó prendido, aunque sin mayores consecuencias.

Esa misma falta de ajuste, aplicada después al muy astifino quinto, le pudo costar algún susto más a Castaño, al dejarle muchas «ventanas» en los embroques de una empeño de mejores intenciones que resultados y en el que solo al final, en tablas y más confiado, logró ligar una estimable serie de naturales.

El tercero apuntó ser el de mayor fondo de los seis «escolares», o al menos el que más se empleó en la muleta, como se apreció en la primera tanda por el lado derecho que le cuajó Gómez del Pilar, muy embraguetado con él. Pero, encimándose demasiado, y exigiéndole de más a la hora de humillar, el toledano hizo que el toro y el toreo se fueran atrancando.

Tampoco Del Pilar acabó de aprovechar el manejable pitón izquierdo de ese primero de lote, por redondear demasiado el trazo a un animal que pedía la línea recta y una altura más aliviada de los vuelos de la muleta. Porque ya con el sexto, el de más cuajo y volumen de la corrida, y que se apagó sin celo alguno, si que no tuvo opción.

Feria de San Isidro de Madrid

Ganado: seis toros de José Escolar, muy desiguales de cuajo y volumen, todos muy astifinos y seriamente armados. Sin empujar en varas y con poca raza, la mayoría desarrollaron una defensiva aspereza y apenas entrega, aunque sin excesivo peligro.

Fernando Robleño: pinchazo, estocada delantera atravesada y nueve descabellos (silencio tras dos avisos); pinchazo hondo y media estocada delantera desprendida (silencio).

Damián Castaño: estocada tendida delantera (ovación); estocada baja tendida y descabello (ovación).

Gómez del Pilar: estocada baja (ovación tras aviso); estocada delantera atravesada y descabello (silencio).

Cuadrillas: Raúl Ruiz destacó en la brega y con las banderillas, por lo que saludó montera en mano. El picador Alberto Sandoval fue muy ovacionado tras la suerte de varas del segundo.

Plaza: Las Ventas de Madrid. Vigésimo segundo festejo de abono de la feria de San Isidro, con algo más de tres cuartos del aforo cubiertos (unos 17.000 espectadores), en tarde de calor bochornoso.

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