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El blindaje de Cristina Kirchner, riesgo K por Elisa Carrió y el lanzamiento de Horacio Rodríguez Larreta


La oposición busca recuperar la iniciativa

El regreso de Macri y la auto investidura de Larreta como candidato le dan color a la última semana del veraneo. La oposición deberá decidir cómo responderá a la agenda agresiva del oficialismo en la Comisión de Juicio Político. Este emprendimiento es una maniobra de la campaña del oficialismo destinada a arrinconar a una oposición a la que las encuestas dan como mejor perfilada para las elecciones de octubre.

Esa agresividad completa una estrategia de pinzas, junto a la unidad que exhibió el peronismo en la cumbre de Matheu. Estos dos puntos fueron parte de los diálogos de la oposición en Jujuy y Córdoba. Le quitan centralidad a una oposición que tiene el favor de la opinión pública, pero que debe encontrar mecanismos para recuperar el centro del escenario, diluida en el cuentapropismo de los candidatos de Juntos por el Cambio.

Se pasean por los territorios, como corredores de comercio, sacándose votos entre sí. No le comen votos al peronismo, se los disputan con sus propios aliados en lo que, diría Macri, es una guerra de egos de suma cero. Esta saga endogámica le resta atención a su fuerza, que es desplazada por la estridencia de las algaradas del peronismo, como fue la cumbre de Matheu.

Juicio a la Corte entra en etapa tumultuosa

Para esta semana “la votadora” de la comisión de Juicio Político (16 votos contra 15 de la oposición) tiene previsto escuchar a los primeros testigos. ¿Hasta cuándo consentirá la oposición participar de lo que ella misma ha descripto como un circo? El trámite va a entrar en un cauce tumultuoso con la exigencia de los diputados del oficialismo de incautar agendas, whats-apps, mails y otras constancias de la conducta privada de los cortesanos y sus amigos, asesores y familiares, todo sin mandato judicial previo.

En la tradición legislativa figura aquella comisión que en 1984 investigaba el caso Italo. La justicia en ese momento concedió el amparo contra el secuestro de la documentación de Guillermo Walter Klein que estaba en el estudio Klein-Mairal. Eran tiempos recios, donde aún se calentaba al agua a balazos. Como los que agredieron al secretario de aquella comisión, el peronista Horacio Basualdo, en un tiroteo en el estacionamiento de Diputados.

Aquella comisión, presidida por Guillermo Tello Rosas, uno de los “Negros” más recordados del gremio, había ordenado detener a José Martínez de Hoz. Los diputados tenían permiso de portación de armas. Basualdo usó la suya para defenderse y salvar el pellejo.

Oficialismo arriesga mucho al citar a Carrió

Esa reminiscencia es apenas la punta del iceberg de las querellas que originará este juicio, que obliga a la oposición a defenderse porque la Corte es acusada de favorecerlos. Pero los 15 integrantes de la bancada opositora analizan hasta qué punto les conviene seguir al oficialismo hasta un final previsible, que es el archivo, porque no están los 2/3 de los votos para iniciar el proceso. Pero los votos pasan y los escraches quedan.

Seguir en la Comisión para resistir es una posición defensiva, ante un oficialismo que tiene el objetivo de deslegitimar a la Justicia. Para algunos legisladores de la oposición, la participación en la Comisión es también una photo-opportunity y se entusiasman cuando se encienden las cámaras. También están de campaña. ¿Es un circo? También tenemos payasos, entonces ¿por qué no aprovechar los faroles? En la bancada oficialista también analizan la conveniencia de disparar pirotecnia peligrosa y de estar a merced del ingenio de Rodolfo Tailhade y Leopoldo Moreau. Por ejemplo, haber incluido en la lista de testigos a citar a Elisa Carrió. No saben en la que se han metido.

Creen que la posición anti-Lorenzetti divide al resto de la oposición. Pero están desafiando a un arma de destrucción masiva, a la que les hubiera convenido mantener desactivada. La participación en la Comisión de la líder de la Coalición Cívica como testigo sólo puede traerle más males al oficialismo. ¿Se olvidaron de que Lilita ha activado una candidatura a presidente?

Cristina suma blindajes: ahora, la domiciliaria

El tiempo es el máximo ordenador: los políticos festejan este lema ante algunas efemérides, como llegar a los 70, por ejemplo. Alcanzar esa edad -que cumplió este domingo Cristina de Kirchner- les libera el futuro a quienes tienen inquietudes en el fuero penal. Ese cumpleaños, que la vicepresidenta festeja lejos de los minaretes que claman por su regreso, mezcla un sentido festivo con una mirada canalla. Con los 70 se dispensa al veterano del voto obligatorio; y al reo le trae la panacea de la prisión domiciliaria.

Es importante retener la fecha porque forma parte de la construcción de la proscripción: el discurso en el que el cristinismo ha embutido al peronismo, con el solo propósito de retener centralidad. Cristina no es la conductora del peronismo, pero lo es de una fracción importante, la de la provincia de Buenos Aires, la más grande y que más votos aporta a la canasta.

Ese peronismo tiene volumen con cualquier candidato que presente, sea ella o cualquier otro. Las elecciones no las deciden los candidatos, las deciden los votantes y los partidos en un fenómeno colectivo. Frente a ellos los personalismos son un solo ingrediente, y no siempre el más importante.

Carrió quiere que no sea discrecional

Cumplidos los 70, Cristina suma al blindaje de los fueros, otra valla protectora. Da para la ironía, como cuando Elisa Carrió recuerda que, en todo caso, si es condenada, podrá pasarla en su casa. La jefa de la Coalición ha mocionado antes de ahora que la prisión domiciliaria no sea una gracia discrecional de los jueces, sino una garantía para los mayores de 75, cualquiera sea la naturaleza del delito por el que fueron condenados.

Lo hizo en 2017 en el contexto del debate del 2×1 (Caso Muiña). Después presentó un proyecto de ley que espera tratamiento. La domiciliaria no es una novedad de estos tiempos. El Código Penal de 1886 (el llamado Código Tejedor), ya preveía en el art. 70°, que “el condenado a arresto será puesto en cárcel, policía o cuerpo de guardia, pudiendo ser arrestadas en sus propias casas las mujeres honestas, las personas ancianas o valetudinarias”. La norma se redondeó en los años de Menem, bajo el ministerio de Rodolfo Barra (1996).

¿Y el busto de Menem para cuándo?

Con el combo fueros + domiciliaria, la situación judicial de Cristina es de excepción. También el ordenador del tiempo agrega un alivio a la fantasía de la proscripción. La condena que recibió en el caso Vialidad contiene una inhibición para ejercer cargos públicos, pero no rige hasta que no sea firme, es decir hasta que la Corte no la confirme o la mande a revisar. Lo sabe bien la dirigencia que firmó la cantata de la proscripción en la cumbre de Matheu.

Para justificarse, el oficialismo hace circular la presunción de que la Justicia del lawfare adelantaría esa confirmación de la condena, para interceptarle una candidatura. Es cierto que la Casación podría confirmar la sentencia y ordenar la detención de Cristina hasta que la Corte aporte la firmeza final. La salvarían los fueros mientras los mantenga. Pero es impensable que la Casación la obligue a esperar la decisión de la Corte estando detenida, aun en su casa. Le echaría más nafta al fuego.

El tiempo vuelve a convertir en abstracto ese debate. La Corte en un caso como éste se tomaría entre 2 y 3 años para resolverlo. Flota en el aire la doctrina Menem: sin sentencia firme hasta al final. Y hablando de finales, Miguel Pichetto ha reclamado que el gobierno instale en la Casa Rosada el busto del riojano, aun ausente de esa galería, en donde tampoco figuran Isabel Perón, Fernando De la Rúa, Eduardo Duhalde y la propia Cristina.

Siempre nos quedará Gualeguaychú

El espinel radical que recorre Larreta lo completó este domingo, después de las carnavaladas junto a Gerardo Morales en Jujuy, visitando varias estaciones del calvario cordobés, acompañado de la ex diputada Carmen Polledo, su pareja Milagros Maylin, y su ministro cultural Enrique Avogadro, quien disputa el apodo de “Harry Potter” con el ladero de Vidal, el legislador Darío Nieto, otro émulo del graduado del Colegio Hogwarts.

Primero estuvo en la casa de Mario Negri, ya repuesto del stent que le propinaron hace diez días. Lo obliga a seguir todo lo que controla desde su casa. Después, almuerzo en Carlos Paz con Rodrigo de Loredo, que fue acompañado por Luis Juez -que no es radical, claro-. Los radicales son un partido que subsiste porque tiene organicidad y aprueba sus compromisos electorales en sus convenciones. La de Gualeguaychú resolvió la estrategia que le permitió a Cambiemos ganar las elecciones de 2015.

Esa convención sesionó el 14 y 15 de marzo de aquel año, y la mayoría de los delegados aprobó un formato de alianza diseñada por Ernesto Sanz, Elisa Carrió y Mauricio Macri, que dejaba afuera una alianza con el partido Renovador de Sergio Massa. La moción, liderada por Sanz, ganó por 188 a 114 votos. La estrategia de dejar afuera al massismo respondía a la intención de forzarlo a jugar suelto, para que les sacase por afuera votos al PJ y sus aliados. El tiempo demostró que la moción fue la más acertada.

No es lo mismo una coalición que un frente

La diferencia con el 2023 es que hoy no hay un dirigente que le saque votos al PJ por afuera. La unidad que mostró la cumbre del peronismo es la principal amenaza para la coalición opositora. Se confunden quienes ven al oficialismo como una coalición. El Frente de Todos es lo que dice su nombre, un frente como han sido frentes otras siglas que armó el peronismo en el pasado.

JxC es una coalición electoral que resguarda a los partidos que la integran en todos los niveles. El Frente de Todos, que es el PJ y sus aliados, no tiene afecto societario, salvo mantener la unidad que les permitió ganar en 2019. Pero en lo demás las tribus y los caciques que lo integran tienen objetivos, ideologías, procedencias y finalidades divergentes. Los define el eufemismo “unidad en la diversidad”.

Pero no es un lema que sirva mucho para la política, quizá para los negocios o el amor, oficios en los que es posible separar a los familiares de los seres queridos. En política eso es imposible. Juntos por el Cambio tiene un diversidad más tenue, los dirigentes tienen diferencias de estilo y se timbean con tácticas mediáticas distintas. Pero no disienten en la agenda, que está clara para los partidos a que la integran, y tienen un afecto societario claro.

Lo refleja su electorado, que se cosecha como mayoría en 5 de los 7 distritos más grandes, en donde gana siempre en la categoría presidente- -sólo puede perder en la provincia de Buenos Aires y Tucumán. Esa adhesión crece de elección en elección.

Insisten en listas negociadas a legisladores

Hoy, la coalición opositora busca resetear, bajo nuevas luces y circunstancias, la misma estrategia que en 2015. Consiste en avanzar en la negociación de las listas de candidatos a legisladores nacionales, y que esas listas lleven en la categoría de presidente y vice a quienes quieran. Es lo que ha acordado Larreta con Morales y Carrió. Resta sumar al macrismo ortodoxo para lograr lo que tuvieron en 2015.

En aquella convención, la UCR aprobó dejar afuera a Massa y el reconocimiento de la UCR como miembro pleno de la coalición de Cambiemos. Era para llegar a una PASO que demostrase que podría haber menos de 10 puntos en la disputa en segunda vuelta contra la fórmula del peronismo (Scioli-Zannini). También esa convención, en el art. 2° de la resolución que aprobó, reconocía la naturaleza federal del partido, y autorizaba a que la UCR pudiera admitir y contener, en provincias y municipios, las “realidades locales”.

Eso permitió que el radicalismo (que había marginado al massismo de la disputa presidencial), fuera aliado, por ejemplo, de Cornejo en Mendoza o de Morales en Jujuy. Fue un esfuerzo de los radicales. Costaba mucho. Muchísimo. El PRO no quería ceder su ancho de espadas que era Macri. Quería que solo los propios en cada provincia pudieran llevarlo. Y que los radicales solo pudieran llevarlo a Sanz o a Carrió.

Obviamente Sanz se opuso, a riesgo de sacar el 4% que sacó en las PASO, pero el objetivo era otro. Era lograr que, habiendo arreglado legisladores, los gobernadores e intendentes radicales pudieran crecer. Finalmente, el PRO -cuenta Sanz- cedió ante los radicales. A partir de allí se puede verificar el crecimiento de la UCR desde la crisis de 2001. Solo en la provincia de Buenos Aires pasaron de tener 12 intendentes a tener 38.

Reaparece Macri

Esta semana Larreta va a encarnar modos de candidato a presidente. Como si hiciera falta alguna formalización, sus asesores discuten en estas horas la forma y oportunidad de ese lanzamiento, que el jefe de Gobierno quiere que sea entre miércoles y viernes. En cuanto al formato, hay discusiones teológico-pastorales sobre si debe usarse gacetilla, tuit, foto-epígrafe, conferencia de prensa, show por la TV del cable amigo, etc. Basta de trascendidos y de off the record.

El miércoles es el día más acomodado, con Mauricio Macri en Buenos Aires y saludando desde el balcón. El jueves es día chivo, porque hay sesión de la Comisión de Juicio Político en Diputados, y el Senado hace una sesión preparatoria para la elección de autoridades seguida, si puede, de una sesión con temas mansos. Esto distrae la atención del público.

Puede haber una reaparición de Cristina en el Senado y ya se sabe que la prensa militante del oficialismo se pelea con la prensa militante opositora en quién le da más cartel a la vicepresidenta. Unos, para exaltar y magnificar su rol por encima del que tiene -la exhiben como candidata mágica, como si la sola presencia fuera garantía de éxito-. Difícil: es jefa apenas de una fracción del peronismo y su figura tiene altísimas marcas negativas. La militancia opositora, con fascinación tumbera, la exalta porque cree que, si la alzan lo suficiente, la hacen vulnerable en el voto opositor.

Fantasías de movilero, que ignoran que la gente ya sabe qué va a votar, que los grandes bloques electorales se mantienen estables de elección en elección, y que la clave es simple: el que se divide pierde, en la Argentina del balotaje del 45%. El resto es literatura inspirada en realidades electorales de otros países, en donde rigen instituciones como el voto voluntario o hábitos como el swinging vote, que por acá son mugrones que nunca florecen.

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