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Alberto Fernández desafía a elegir en las PASO entre el Gobierno y el cristinismo

Se aproxima marzo que supondrá, al menos en el Frente de Todos, un recrudecimiento de la ofensiva del cristinismo hacia Alberto Fernández, con dos claros reclamos: que defina si será o no candidato, y que se someta su gestión al debate y a cambios. Advierten que si el Presidente no reacciona a esos dos planteos, terminarán armando una estrategia y más adelante alianzas y listas, dejándolo afuera, al igual que a sus principales colaboradores y dirigentes como Santiago Cafiero y Victoria Tolosa Paz.

Ya hay señales claras de esa ruptura. La inmediata es que buscarán vaciarle la Plaza de los Dos Congresos el próximo miércoles, cuando brinde su último discurso ante el Congreso en el marco de la apertura de sesiones ordinarias. Es un escenario que ha reflejado el fracaso del kirchnerismo. Cristina manejó a su antojo el Senado hasta la semana pasada, cuando se produjo la ida de cinco senadores del FdT y la relegaron a manejar la segunda minoría. Un hecho histórico para el peronismo que sólo puede ser interpretado desde la debilidad de su líder.

El mandatario minimiza el impacto político del miércoles, al considerar que su discurso será meramente institucional. Pero también deja en claro a sus colaboradores que no habrá ninguna definición partidaria, y mucho menos las que esperan en el Instituto Patria.

Alberto Fernández está decidido a confrontar con La Cámpora. No le teme a la estrategia de desgastar su gestión o a la amenaza de dejarlo afuera del armado electoral. “Si La Cámpora quiere darse una estrategia está muy bien, al fin y al cabo en unas PASO va a haber tantas estrategias como candidatos haya”, aseguran en su entorno.

El presidente Alberto Fernández desde la Antártida. Foto Presidencia.

En la Casa Rosada consideran que, sin Cristina Kirchner en competencia, el poder de su brazo político quedará licuado entre varios candidatos y sectores que pugnarán por tener un lugar en las listas.

Como los piqueteros que acaban de lanzar el Partido de los Comunes para canalizar el inmenso poder de los planes sociales que ostentan, con candidatos en municipios de la provincia de Buenos Aires. La pasividad del propio Fernández de no capitalizar ese poder territorial hace que se manejen con cierta autonomía. Como cuando Emilio Pérsico asegura que apoyarán “al candidato que esté en condiciones de ganar”.

En otras circunstancias debería decir que apoya una reelección del Presidente, habida cuenta que es quien les permite manejar unos $600 mil millones en planes, dándoles entidad política. Sin planes, Pérsico, Daniel Menéndez o Juan Grabois, serían dirigentes de pequeñas agrupaciones sin incidencia alguna.

Esa definición sinuosa del Movimiento Evita también responde a otro factor, más turbio: el cristinismo les recuerda de manera recurrente la falta de transparencia en el manejo que esos dirigentes sociales vienen realizando desde el Ministerio de Desarrollo Social con los miles de millones de la ayuda social. Hoy hacen la vista gorda, pero mañana pueden proliferar las denuncias judiciales que destaparían varios escándalos.

Pero Alberto Fernández se ubica por arriba de todos esos conflictos, aunque ya no le escapa a la interna. “Está claro que en la estrategia de La Cámpora no estamos nosotros porque vamos a confrontar con ellos. Lo mejor que nos puede pasar es dirimir con el voto de la gente que quiere representar el Frente de Todos. La lógica del cristinismo o la lógica nuestra, se anima en privado, ante sus colaboradores. Abona la idea de que La Cámpora es un fenómeno del AMBA, pero no de todo el país. Y es cierto.

Los argumentos en el entorno presidencial van mucho más allá, lindantes con situaciones poco claras. Apuntan a las diferencias entre el albertismo y el cristinismo, sobre todo en la manera de gestionar. Pero no en el contenido sino en las “formas”. Contraponen lo que describen, en su caso, como “honestidad y transparencia institucional”, como algo que para el camporismo “es una cuestión secundaria”. ¿No son transparentes?

En la mirada presidencial, las PASO del oficialismo van a ser muy competitivas, con tantos candidatos como los que quieran serlo, en detrimento de lo que considera es la mirada del espacio de la vicepresidenta, que buscó imponer un candidato de consenso cuando supo que las primarias con irreversibles. El problema es que Cristina acepta las PASO, pero si no compite Alberto.

Contrasta la actitud de Fernández con la de Cristina. La vicepresidente ha construido su posverdad con una estrategia para conservar el poder y la última decisión. Dice que no será candidata a nada porque se considera proscripta, pero alimenta un operativo clamor Cristina 2023.

Está claro que no hay operativo clamor, ni afiches, ni pintadas ni enigmas, si Cristina no las habilitara. Lo hace para no definir ahora y, hacerlo, cuando ya todas las cartas estén echadas, tanto la situación económica que habilitará o frustrará una candidatura presidencial de Sergio Massa, como su situación judicial. Ganar tiempo.

Afiches de Cristina 2023. Foto: Telam

Varias voces, entre ellas las de Aníbal Fernández o la del senador rebelde Carlos “Camau” Espínola han asegurado que la vicepresidenta no está proscripta. Y es cierto porque la condena a seis años de prisión que recibió en la causa Vialidad no está firme. Para ello, antes, deben ratificarla o rectificarla la Cámara de Casación y luego la Corte Suprema.

“No voy a ser candidata a nada, ni a presidenta ni a senadora. Si lo hago, Casación y la Corte me sacan de juego en una semana”, afirmó Cristina en declaraciones de una semana atrás a El Destape, que pasaron inadvertidas.

Lo que Cristina no dice, por conveniencia, es que es en un 99% imposible que Casación y la Corte Suprema puedan expedirse en menos de un año sobre su condena. Hay demasiados instancias intermedias que podrían ser aprovechadas incluso por su defensa, que harían demorar más de un año o años, ese proceso.

Por ejemplo, sólo ante Casación, las apelaciones son de todos los acusados, no sólo de la vicepresidenta. Los abogados de otros nuevos condenados, entre los que se encuentran Lázaro Báez, Julio de Vido, y José López, utilizarán ese recurso, con el tiempo que implica para la Cámara leerlos. Luego son trasladados al fiscal que tiene que contestar cada uno. Pero además, se puede demorar el proceso con pedido de nulidades, planteos para volver a hacer algunas pericias, cambio de abogados, recusaciones parciales o totales.

Una vez que Casación notifica su decisión se pueden meter recursos extraordinarios. Y si no se los concede, es un proceso que puede llevar unos dos meses más. Y recién después de todo eso, llega a la Corte. Allí hay que girarlo a cada uno de los ministros del Tribunal, que debe abordar el expediente con la defensa de cada uno de los 10 acusados -entre ellos Cristina- y finalmente decidir. Más tiempo.

Cristina Kirchner. Foto: AFP

“Yo jugaría plata a que es imposible que Casación y la Corte puedan expedirse este año, y hasta dudo que pueda ser en 2024”, resume una fuente judicial.

Los tres socios de la coalición gobernante, Alberto, Cristina y Massa, nunca han resuelto sus diferencias que hoy, bajo un gobierno con un fuerte desgaste y jaqueado por la inflación, tiene escasas chances de continuar en el poder. Y los tres pasan por sus peores momentos.

El Frente de Todos está a la deriva. Massa hoy no es candidato, a la luz del alza de precios y la casi imposible tarea de amesetar la inflación. Cristina ha dicho que no será candidata a nada y juega con la proscripción para utilizarlo de escusa porque en realidad no quiere ser la mariscal de la derrota a sus 70 años, o bien recurre al operativo clamor para cambiar de opinión y competir aunque ello implique, si pierde, el fin del kirchnerismo. Y el Presidente se ha animado por primera vez, a asumir la pelea con La Cámpora. Pero lo hace demasiado tarde y cuando se encuentra aislado por los propios y con una gestión demasiado negativa en la consideración de la sociedad como para afrontar una elección.

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