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La unidad peronista pone en alerta a la oposición

Alerta amarilla en la oposición. Comenzó la guerra en serio. El jueves pasado el peronismo juntó a todos los sectores en que está dividido y mostró que mantiene la unidad – clave de su triunfo en 2019 – y que reconoce que esa unidad está por encima de cualquier interés sectorial.

Las encuestas no son favorables al oficialismo y la gestión de gobierno ya fue castigada en 2021. Alberto Fernández escuchó en la mesa que Julio Pereyra sirvió el miércoles en la Intendencia de Florencio Varela, con ministros y funcionarios municipales, una frase letal: “Si seguimos así, vamos a seguir perdiendo municipios, y no por la oposición sino por las peleas entre nosotros”.

Pereyra, ex intendente de Varela, estuvo pocas horas después en Tucumán, para la reasunción de Juan Manzur como gobernador. Participó de reuniones con Wado de Pedro, en donde se escuchó el mismo pronóstico.

Pereyra es el zar del peronismo municipal, presidió durante un buen tiempo la Federación Argentina de Municipios, una especie de CFI a nivel de comunas, que es un poder paralelo con un peso político subrepticio pero gravitante.

Hoy es diputado nacional y un estilista del poder delegado. Varela es gobernado por un delegado suyo, Andrés Watson, a quien asiste cuando lo necesita y al que deja hacer lo que cree mejor. Ha logrado que no lo traicione. Como en Tucumán, le preguntan cómo ha logrado eso que no pudieron lograr los peronistas con Alberto, ni tampoco otros partidos, como el PRO con Bullrich.

Títeres y titiriteros

En este punto, el PRO está pagando los efectos de la misma disfuncionalidad que padece la cúpula de gobernantes. Patricia Bullrich es presidente del partido en nombre de Mauricio Macri, verdadero jefe político de esa fuerza. Su condición vicaria debilita su desempeño, tal como la disfuncionalidad del peronismo debilita a Alberto Fernández, vicario de un poder ajeno, delegado por el peronismo de los gobernadores, y el del AMBA, o sea Cristina de Kirchner y Sergio Massa, que lo designaron presidente a dedo.

La política es un oficio de titereros, no de títeres (me salta González Tuñón: “Lamparillas de la Kermesse, / títeres y titiriteros,/ volver a ser niño otra vez/ y andar entre los marineros/ de Liverpool o de Suez.” – es carnaval).

La mesa nacional del PRO reserva este martes un turno para cerrar el debate abierto por el mendocino Omar de Marchi, que pone en crisis la relación con la UCR de esa provincia. Para entenderlo, la pelea entre el PRO y los radicales no es de ahora.

La salida de Alfredo Cornejo de la carrera nacional le quita el componente antilarretista a los movimientos del mendocino, algo que pertenece al pasado, aunque reciente.

Esta crisis pone en cuestión la capacidad de la fuerza de tener una conducción y una estrategia unificadas para enfrentar a un peronismo que hizo el jueves una exhibición de unidad al juntar a todas las tribus, y con una frutillita: hasta ese día el acuerdo era que habría 5 delegados por cada grupo: Olivos, Patria, massistas y gobernadores, sin Cristina.

Pero apareció Maxi, que es como si fuera ella. Abuso de confianza y algo de audacia: los puso a prueba de que le cerrasen la puerta, y justo el día de su cumpleaños. Logró que todos se pronunciasen contra la proscripción (¿?) de Cristina, con un énfasis que explica la intención de los oradores de que el infante se lo contase a la madre.

Ojo, los únicos ausentes fueron las organizaciones sociales, a menos que se conceda que el “Chino” Navarro sea un piquetero de traje y corbata. Esa ausencia es toda una definición de rumbo dentro del oficialismo.

Un llamado al indulto

La médula del comunicado de Matheu está en la frase que reivindica la posibilidad de “disponer las acciones necesarias para impedir la proscripción de la compañera vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner cuyo liderazgo y potencia electoral no nos puede ser arrebatado”.

Para quien leyera esto al despertar en la madrugada del viernes – se conoció las 1:20 am — en la semivigilia carnavalesca, evoca un llamado al indulto. No sería demasiado para un gobierno que hace campaña con un peregrino juicio a la Corte.

Frente a eso, un indulto sería un pequeñez, aunque funcional: cerraría juicios a Cristina, alegraría al cristinismo pero la sacaría del medio aprovechando su caudal de votos. Porque un indulto en una causa abierta deja en suspenso la presunta inocencia y descalificaría a la indultada ante el público.

Esa medida expresaría lo que en fondo piensan Alberto, Massa y muchos dirigentes peronista de ella, a quien toleran porque es la jefa del peronismo en el distrito más grande. Sin ella no se puede, con ella no alcanza. Ojo que el indulto lo pide los cristinistas extremos como Delía, Zaffaroni y, antes, Hebe. No es un invento ajeno al oficialismo.

Ironías y donderías

El escrito expresa el pensamiento de un acuerdo de cúpula. No aparece en el texto la palabra peronismo y se reivindica las PASO – aportes del peronismo del AMBA -. Expresa el pensamiento de Jorge Capitanich de que la marca sea la Frente de Todos y no el justicialismo, otra palabra ausente. El resto es escritura creativa con ironías manifiestas, como quejarse de los “poderes concentrados”.

Esa cumbre suma a los caciques que controlan el gobierno nacional, la mayoría de las provincias municipios, los sindicatos, la primera minoría del Congreso y las empresas y bancos del estado, las fuerzas armadas y un sistema de comunicación que, sumadas las jurisdicciones cuenta con más recursos y personal que los medios privados. Si ese no es el poder concentrado, ¿el poder concentrado dónde está? El escrito hace concesiones a donderías de moda como hablar del Frente de Todxs – la historia los juzgará.

Macri sale del escondido lago

El zoom del martes pasado lo obligó a Macri a salir del escondido lago de Cumelén y pidió una solución inmediata a un cisma que puede tener efecto dominó en el resto del país.

Mendoza es uno de los distritos del Top Seven (los que tienen más votantes y deciden una elección nacional), allí gobierna Juntos por el Cambio sin sombras y todos los pronósticos dan como ganadora a esa fuerza, que conduce el radical Alfredo Cornejo.

Institucionalmente tiene mecanismos para resolver diferencias en la coalición, porque hay una ley de PASO local. Omar De Marchi, intendente de Luján de Cuyo, sostiene su disidencia con críticas al radicalismo local que replican las que le hacía el radicalismo nacional a Macri cuando era presidente, sobre que no había una coalición de gobierno y el PRO nos ignora. Cornejo, afirma De Marchi, ignora al PRO en Mendoza y no le abre el juego a la hora de gobernar.

Mendoza pone en crisis la jefatura de Mauricio

Horas antes del zoom del martes, De Marchi y Macri mantuvieron un largo diálogo por teléfono. El mendocino insistió en los argumentos sobre el proyecto hegemónico de Cornejo, a quien acusa de defraudar los “valores” del PRO.

Macri replicó que un cisma pone en crisis el sistema de convivencia de la coalición, cuyo eje es la competencia entre los partidos y agrupaciones empleando el mecanismo de las PASO.

Es difícil creer que una santificación de las PASO – que fueron un invento de Néstor Kirchner – sea un artículo de fe para el PRO. La razón de la prisa de Macri por una solución es que, si hay quiebra en Mendoza, será un fracaso de su capacidad de conducir a su fuerza. Ya la resiente con el jugueteo sobre su propia candidatura.

Si le estalla en las manos la coalición en Mendoza, será el responsable de no haber mantenido la unidad de la coalición, que es la condición para ser competitivos en las elecciones de octubre.

En la confianza de esas charlas, Macri admite que a veces la unidad está por encima de los programas; sin unidad no se pueden ganar elecciones y sin poder los programas se disuelven en el aire. Macri hace juegos de magia para sostener poder: le perdonaron lo que haga como candidato.

Lo que ni los propios le perdonarían jamás es que no pudiera sostener la unidad del PRO y Juntos por el Cambio. Incurriría en el mismo error de Cristina, que dividió al peronismo entre 2009 a 2019 y lo condenó a una década de derrotas.

Una migración sin retorno, o con retorno muy caro

Para este martes la mesa del PRO espera el resultado de la mediación ante De Marchi de dos negociadores de ese partido, el bullrichista Federico Angelini, y el larretista Eduardo Macchiavelli.

Hay diferentes miradas frente a un resultado que alivie las amenazas de división que le preocupan a Macri, porque interpelan su liderazgo. Larreta jura y perjura que él desanudará la pelea.

De Marchi es un jefe de campaña en el interior y milita en su fracción interna. Pide tiempo porque recién el 12 de abril hay cierre de frentes en Mendoza. No le inquieta que la crisis se prolongue, porque esmerila el pedestal de Macri, que hace lo mismo con él.

De Marchi dice por lo bajo que su migración no tiene retorno. Mientras más se prolongue la crisis, menos posibilidades de regreso tiene De Marchi. Si lo hace, pagará el costo ante quienes le reprocharán que recibió una recompensa por hacerlo. Es decir, su retorno parece no tener precio.

Sí le paga que insista en encabezar un frente de partidos que pelee por afuera de Cambiemos. Aunque pierda ante Cornejo, le quitaría legisladores en las dos cámaras provinciales y le frustraría radicalismo llegar a los 2/3 de los votos para una reforma reeleccionista.

La conservadora Mendoza puede llegar a premiar a quien logre eso. O quizás le pague a futuro un acuerdo para jugar adentro en estas elecciones, con la promesa que en 2027 él será el candidato de JxC a gobernador. Altísimo precio. ¿Y quién puede prometer y cumplir tamaño compromiso?

De nuevo federales contra porteños

La posibilidad de que haya acuerdo este martes, o más adelante, se facilita porque Cornejo ya confirmó que será candidato a gobernador. O sea que se bajó de la carrera presidencial, que lo presumía como vice de una fórmula de Patricia Bullrich, que interceptaba la de Larreta presidente. Eso ya no existe y allana caminos.

Bullrich ha amenazado a De Marchi con intervenirle el partido. Esa medida la tiene que tomar no ella sino el Congreso del partido, en donde De Marchi dice tener la mayoría. Es el jefe de campaña de Larreta en el interior, porque representa a dirigentes que jamás aceptarían que desde Buenos Aires les ordenen los soldaditos.

El conservadorismo del interior se ha quejado históricamente de la incomprensión de los porteños hacia la realidad de sus distritos, y los lastima que porteños como Macri, Bullrich, Larreta, Marcos Peña, Vidal, o ahora Javier Milei, y como antes los Alsogaray, decidan sobre su destino. Son tan federales como los peronistas federales hacia los dirigentes del AMBA.

¿Quién paga el fiasco de La Pampa?

La fragilidad de este equilibrio tiene consecuencias en la falta de una mesa sólida para las decisiones. En estos días recrudeció en el PRO el ajuste de cuentas por el resultado de las elecciones de la UCR en La Pampa. ¿Quién arrastró toda la cúpula del PRO nacional, empezando por Macri y Larreta a una derrota por 13 puntos?

¿Nadie puso a examen las consecuencias para esos dirigentes de una derrota que estaba cantada de antemano? Si vas a perder, que no se note o que parezca un accidente. Pero lo de La Pampa se parece más a un suicidio de imagen por falta de una mesa de análisis. Hasta perder puede ser parte de una estrategia ganadora. Pero hay que medir los costos.

Poner a los caciques del PRO en la foto de los perdedores de una elección con resultado cantado, y que encima los goce Martín Lousteau, es una inocentada que pasa de largo gracias al desinterés generalizado de la prensa por lo que pasa en la política. Nadie cuenta nada. La información se resuelve entre gacetillas, comunicados del poder hacia abajo, militancia o consignismo de partes.

La Vendimia, escenario pre-PASO para todos

Larreta está invitado entre el 2 y el 4 de marzo a la fiesta de la Vendimia, que será un escenario político premium para la oposición. Gerardo Morales ya aceptó ir y se exhibirá allá con Rodolfo Suárez y Gustavo Valdés. Pero Larreta debe tener para esa fecha, por lo menos adormecida la pelea de De Marchi con los radicales.

En esa vidriera vendimial debería estar Alberto Fernández, pero en Mendoza no lo quieren mucho después de laudar contra esa provincia en la pelea con La Pampa por la obra de Portezuelo del Viento.

Su ausencia es una oportunidad para ampliar el espacio de la presencia de Daniel Scioli, que viaja con un grupo de compradores de vino del Brasil. El embajador camina sin pausa hacia una protocandidatura a presidente con experiencia de baquiano. Como en 2015, hace billar a varias bancas confiando en que el tiempo es el ordenador de las voluntades.

Cree que la experiencia del PRO en 2021 demuestra que hay que hacer unas PASO amplias y con mucha participación. “No nos conviene dejarle el escenario de las PASO a la oposición, que va a atraer la atención de todos con la competencia de candidatos”, afirma.

Resiste contra la tentación del peronismo de negociar listas únicas como hizo en 2021 en Buenos Aires, método que los llevó a la derrota. Esta mirada entra en conflicto con Olivos, que cree que las listas únicas y negociadas pueden ser la clave para intentar un triunfo en primera vuelta.

Olivos apuesta a que no hay candidato del peronismo que pueda ganar un ballotage. Esta mirada diferente le da interés al debate que despuntó el jueves pasado en la sede del PJ de Matheu, pocas horas antes de que Scioli se viera el viernes en Misiones con Alberto Fernández.

AQ

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