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China, aliada a Warren Buffet, lidera la industria mundial de vehículos eléctricos

Por

Jorge Castro

Analista Internacional

La decisión del Príncipe Mohamed binSalmán (MBS), heredero y conductor del Reino Saudita, la segunda potencia petrolera del mundo después de Rusia, y la primera exportadora mundial, es diversificar y transformar en un proyecto de largo plazo la economía y la sociedad saudita, terminando con su dependencia absoluta de la producción de hidrocarburos, lo que implica ante todo modificar y ampliar su fuerza de trabajo, incorporando como medida estratégica fundamental a la población femenina, lo que constituye un desafío directo a la estricta secta “wahabita” de la religión islámica, sobre la que el Rey IbnSaud– iniciador de la dinastía – fundó el Reino en 1932; y contó desde entonces y a lo largo de 90 años con el respaldo estratégico, político, y militar de EE.UU., que le garantizó su seguridad interna y externa.

Para eso el Príncipe MBS cuenta con la alianza estratégica de China, sellada en el reciente viaje del presidente Xi Jinping a Riad en diciembre del año pasado.

Allí se acordaron una serie de puntos fundamentales de colaboración en materia de inversiones y alta tecnología, sobre todo en los campos decisivos de la interconectividad y el desarrollo industrial, con especial énfasis en la producción de vehículos eléctricos (SUV) e híbridos.

Arabia Saudita ha constituido un Fondo de Desarrollo para la Transformación dotado de US$600.000 millones, que pueden ser duplicados o triplicados si es necesario.

El Reino Saudita y Rusia son los principales beneficiarios del aumento fenomenal del precio de la energía de los últimos dos años, ocasionado por la Guerra de Ucrania y las sanciones impuestas a Moscú por la Unión Europea y EE.UU.

Arabia Saudita ha comprado su propia empresa productora de automotores eléctricos (SUV): Lucid Motors de EE.UU. con una inversión inicial de UUS$2.000 millones; y con ella se propone producir unos 100.000 vehículos en 2030, en un mercado que para entonces tendría una capacidad de 500.000 unidades.

Por su parte, la industria de vehículos eléctricos chinos reúne las siguientes características: este año los consumidores chinos van a adquirir entre 8 y 10 millones de unidades, comparados con 6,5 millones que compraron en 2022 y 3,5 millones a los que accedieron en 2021 (en Europa este año se producen 3 millones de unidades SUV, y 2 millones en EE.UU.).

La producción china, en síntesis, crece 35% anual, lo que significa que 7 de cada 10 vehículos eléctricos en el mundo se producen en la República Popular.

La principal compañía china de vehículos SUV es “China BYD”, que significa “Construir tus Propios Sueños”.

BYD vendió 641.000 unidades en los primeros seis meses de 2022 (300% anual de crecimiento) y superó por primera vez a la cabeza del mercado chino hasta ese momento, que es Tesla, propiedad de Elon Musk, que produjo 564.000 unidades en igual periodo.

BYD tiene un solo inversor extranjero, propietario de 8% de sus acciones: es Warren Buffet, titular de BerkshireHathaway, con sede en Omaha, Nebraska, y es el mayor inversor del mundo.

Esta conexión de inversión y alta tecnología entre Omaha, Nebraska, y Shenzhen, China es lo que se denomina globalización, que es la fase de acumulación capitalista del siglo XXI.

BYD es también la primera productora de baterías eléctricas SUV del sistema global, y por lo tanto, la mayor consumidora de litio del mundo.

El creciente liderazgo de BYD en el mercado chino se basa en su superior productividad, y por lo tanto, sus menores costos de producción; y en este punto compite sobre todo con Tesla, la súper eficiente firma norteamericana, cuya planta en Shanghai está casi completamente automatizada.

BYD y Tesla son las que establecen las pautas de competitividad/productividad de la industria SUV del mundo, y a la que deben adecuarse, so pena de irrelevancia y desaparición, el resto de las compañías del sistema, incluyendo las de Arabia Saudita.

Este es un punto de especial importancia a subrayar, y es que la industrialización – o “re-industrialización” – de los países emergentes debe realizarse en el mundo de hoy de acuerdo a las pautas de productividad más avanzadas, que son las del eje EE.UU/China.

El próximo paso, a dar este mismo año de la industria SUV china es el dominio hegemónico de las exportaciones mundiales del sector, lo que implica ante todo la primacía en el mercado europeo y norteamericano.

El cálculo que se puede hacer es el siguiente: en 2022, China – incluyendo y en primer lugar Tesla – exportó medio millón de vehículos SUV a Europa, y aspira a duplicarlos este año, lo que equivale a afirmar que puede apoderarse del mercado europeo en 3 años; y a la cabeza de ese formidable impulso exportador en una nueva industria está BYD (y su socio Warren Buffett de Omaha, Nebraska).

Si esto es lo que se considera una “amenaza china” se trata por cierto de una descripción acertada.

“La inteligencia es capacidad de sorpresa”, dice Charles Peguy. El que no se sorprende y maravilla en los términos de Chesterton por lo que sucede en este mundo fenomenal de creatividad y novedad histórica, ha dejado de pensar, o es un “idiota”, que es el término griego que identifica a los que están fuera de la época que les toca vivir.

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