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A un año de la invasión a Ucrania: el deporte no afloja el pulso contra los atletas de Rusia y Bielorrusia

El 24 de febrero de 2022, las tropas del Ejércido ruso cruzaron la frontera e invadieron Ucrania, dando inicio a una guerra que, en un año, destruyó ciudades, se cobró la vida de miles de personas y tuvo un enorme impacto en el mundo del deporte. Es que tras el comienzo del conflicto, las federaciones internacionales y organizaciones de diferentes disciplinas fueron imponiendo sanciones y marginando a Rusia y a Bielorrusia -aliado estratégico de la “operación militar especial” del Kremlin- de sus competencias. 

En los últimos doce meses, se realizaron torneos y eventos, se jugaron partidos y se disputaron mundiales sin la presencia de atletas de esas nacionalidades o con ellos compitiendo bajo bandera neutral. Y también se abrió una brecha en el seno del deporte y el olimpismo, porque hubo quienes no coincidieron con la idea de castigar a los deportistas por el accionar de los gobiernos de sus países. Una brecha que se agrandó cuando el COI anunció, hace casi un mes, su intención de reincorporar a rusos y bielorrusos, bajo estrictas condiciones de neutralidad, y generó el enojo y el rechazo de muchos. Una brecha que amenaza cada vez más con provocar un boicot de cara a los Juegos Olímpicos de París 2024.

Apenas horas tardó el deporte mundial en comenzar a cerrarle las puertas a la patria de Vladimir Putin y a su principal socio. La UEFA y la Fórmula 1 fueron las adelantadas. Un día después de los primeros bombardeos, el 25 de febrero, la asociación que rige el fútbol europeo despojó a Rusia de la organización de la Final de la Champions League, que debía jugarse en San Petersburgo y se mudó a París.

El piloto ruso Nikita Mazepin se quedó sin equipo en la F1, luego de que Haas terminara su contrato. Foto AP Photo/Darko Bandic

Casi en simultáneo, la categoría reina del automovilismo informó que el Gran Premio de Rusia, que debía correrse en Sochi a fines de septiembre, “no podría celebrarse en las circunstancias actuales” y quedaba cancelado, a menos que se pusiera fin a la invasión. Sebastian Vettel y Max Verstappen, vigente campeón, ya habían avisado que no participarían de la fecha, si se disputaba.

Por esas horas empezó a gestarse, también, la exclusión de Rusia del Mundial de fútbol de Qatar. El mismo 24 de febrero, la federación de Polonia emitió un comunicado en el que informó que se negaban a jugar el repechaje para el torneo en Moscú -debía enfrentar en esa ciudad al conjunto local, por las semifinales del grupo B- y exigía una nueva sede, con el apoyo de Suecia y República Checa, los otros integrantes de la zona.

Días más tarde, la UEFA y la FIFA decidieron, en forma conjunta, suspender a todas las selecciones nacionales y clubes rusos de las competiciones de ambas organizaciones, lo que implicaba la expulsión del seleccionado de ese país de la repesca para Qatar. La federación rusa apeló ante el TAS un fallo que consideró “injusto y discriminatorio”, pero su reclamo fue rechazado y su equipo ni siquiera pudo pelear por la clasificación, en el tramo final de las Eliminatorias.

El Spartak de Moscú, uno de los clubes que fue suspendido y se quedó afuera de las competencias de la UEFA. Foto EFE/EPA/LESZEK SZYMANSKI

En mayo, encima, la UEFA amplió las sanciones y dejó afuera a los equipos rusos de la Champions y la Europa League de 2022/23, a sus seleccionados de los torneos de todas sus ramas (como el Mundial femenino que se jugará en Australia y Nueva Zelanda, en julio y agosto) y descartó su postulación para organizar las Eurocopas masculinas de 2028 o 2032. La misma suerte habían corrido, un tiempo antes, los equipos rusos que estaban disputando la temporada 2021/22 de la Euroliga de básquetbol.

Una ola de sanciones 

El 28 de febrero, el COI dio el puntapié inicial a una ola de sanciones. El organismo presidido por Thomas Bach recomendó que “no se invite ni se permita la participación en competencias de todo el mundo de deportistas o dirigentes rusos o bielorrusos”, quienes deberán ser aceptados solo como “atletas o equipos neutrales”. Las federaciones internacionales escucharon la sugerencia y, en cuestión de días, les cerraron sus puertas a Rusia.

Una de las más duras fue la World Athletics, que excluyó de todos sus eventos en el futuro inmediato a todos los atletas, el personal de apoyo y los funcionarios de Rusia y Bielorrusia. Ya ni siquiera se permitió la participación bajo bandera neutral de los deportistas rusos “limpios”, los únicos que podían competir hasta ese momento, por la suspensión que regía desde 2015 por violaciones de dopaje.

Sebastian Coe, presidente de World Athletics, una de las organizaciones que excluyó a los rusos y bielorrusos. Foto AP Photo/Gregorio Borgia

En la misma línea se pronunciaron la Federación Internacional de Básquetbol y la de Vóleibol -que le quitó a Rusia la sede del Mundial masculino, que se celebró después en Polonia y Eslovenia-; la World Rugby; el Consejo Mundial de Boxeo; y las organizaciones de natación, hockey, remo, patinaje sobre hielo y esquí, entre otras. Y el Comité Paralímpico Internacional expulsó a las delegaciones de ambos países de los Juegos de Invierno de Beijing, horas antes de la ceremonia inaugural del 4 de marzo.

En el tenis se dio un caso particular. La ITF suspendió a ambas federaciones y les prohibió competir en sus torneos, como la Copa Davis o la Billie Jean King Cup. Mostrando un frente unido con la federación internacional, la ATP y la WTA cancelaron los torneos que debían jugar en Moscú y anunciaron que los jugadores de esos países podrían seguir compitiendo en los circuitos, pero no bajo sus respectivas banderas.

La decisión de esos tres entes no fue compartida por todos y en julio, abrió una nueva polémica. Wimbledon, presionado por el gobierno británico, decidió no permitir la participación de los rusos y bielorrusos (dejó afuera, por ejemplo, a Daniil Medvedev, por entonces, dos del mundo). La exclusión fue celebrada por algunos -sobre todo, los ucranianos- y criticada por otros -como Novak Djokovic y Rafael Nadal-; y provocó la reacción de la ATP y la WTA, que le quitaron los puntos al Grand Slam inglés. La controversia podría repetirse este año, ya que desde el All England aún no decidieron si sostendrán la medida para su edición 2023.

Medvedev no pudo competir en Wimbledon el año pasado, porque el Grand Slam inglés prohibió la participación de los rusos y bielorrusos. Foto Adrian DENNIS / AFP

La Federación Internacional de Automovilismo también autorizó a los pilotos de esas dos nacionalidades a competir en sus carreras (entre ellas la Fórmula 1), mientras no usen banderas ni símbolos de sus países. Sin embargo, el 5 de marzo, cuatro días después del anuncio de la FIA, la escudería Haas, “impactada y entristecida por la invasión a Ucrania”, informó el final de su contrato con el piloto Nikita Mazepin y con su sponsors Uralkali.

Las reacciones de Rusia

Desde Rusia no se quedaron callados ante las sanciones y el repudio del mundo del deporte. Y las reacciones de algunos de sus deportistas -muchos, como el tenista Andrey Rublev, condenaron abiertamente la guerra- generaron más polémica. A principios de marzo, durante la Copa del Mundo por aparatos de Doha, el gimnasia Ivan Kuliak lució en su traje de competencia una “Z” formada con cintas pegadas sobre la tela, justo en la zona del pecho donde habitualmente se ubica la bandera de su país, que ya había sido prohibida por la FIG. La “Z” se convirtió en una referencia para apoyar la avanzada rusa. Su actitud le valió una suspensión de un año.

Si el gesto del Kuliak fue criticado, la presencia de varios medallistas olímpicos y mundiales en un acto multitudinario convocado por Vladimir Putin, a casi un mes del comienzo de la invasión, causó indignación. El evento convocó a unas 200 mil personas en el Estadio Olímpico de Moscú para celebrar el octavo aniversario de la anexión de Crimea a Rusia (ilegal para la comunidad internacional) y elogiar la “operación especial” en Ucrania. Entre los invitados estuvieron, por ejemplo, la gimnasta Dina Averina, plata en Tokio 2020 y dueña de cuatro títulos mundiales, y el nadador Evgeny Rylov, doble campeón en los Juegos japoneses.

El luchador Musa Yevlóyev, el nadador Evgeny Rylov y los patinadores Victoria Sinitsina y Mikita Katsalapòv durante el acto de apoyo a Vladimir Putin. Foto Twitter @DrAlakbarov

El Gran Maestro de ajedrez Sergey Karjakin publicó en sus redes sociales mensajes en apoyo a Putin, relacionados con la invasión de Ucrania, y fue suspendido seis meses por la Comisión Ética y Disciplinaria de la FIDE. La federación internacional, además, despojó a Anatoli Karpov de su título de Embajador de por vida, luego de que el ex campeón mundial avalara los ataques del presidente de su nación contra la población civil ucraniana.

Un año pasó ya del comienzo de la guerra en Ucrania, que causó daños irreparables en la sociedad ucraniana y que dividió -y sigue dividiendo- al mundo del deporte. Y que podría mantener a Rusia al margen de la competencia internacional por tiempo indefinido. 

La amenaza de un boicot de cara a París

El Comité Olímpico Internacional anunció, a fines de enero, su intención de abrirle la puerta a los atletas rusos y bielorrusos para que vuelvan a competir bajo bandera neutral, de cara a París 2024, y desató un conflicto diplomático, político y deportivo que se fue acrecentando con el correr de los días, a medida que se acercaba el primer aniversario del conflicto.

El gobierno ucraniano recibió con bronca e indignación la recomendación, acusó al organismo presidido por Bach de ser un “promotor de la guerra, el asesinato y la destrucción” y amenazó con boicotear la cita olímpica del próximo año. Y el presidente Volodymyr Zelensky pidió expresamente que no se autorice el regreso de los deportistas sancionados. Detrás de Ucrania, se pararon varios países -entre ellos, Gran Bretaña, Polonia, Estonia, Letonia, Lituania y Dinamarca– y varias federaciones internacional, como la World Athletics. Y el presidente de ese país

Zelensky pidió expresamente que no se autorice el regreso de los deportistas sancionados. Foto EFE/EPA/SERGEY DOLZHENKO

Varias de esas naciones ya avisaron que sus boxeadores no participarán, por ejemplo, de los mundiales de boxeo de este año, organizados por la Asociación Internacional de ese deporte (IBA), que está presidida por el ruso Umar Kremlev y que permitiría a los boxeadores de los dos países sancionados competir en esos certámenes, incluso bajo sus banderas.

Hubo quienes aplaudieron el anuncio del COI. El Consejo Olímpico de Asia avisó que los rusos y bielorrusos serán bienvenidos en los eventos deportivos de ese continente, muchos de los cuales serán clasificatorios olímpicos y paralímpicos. Lo mismo pasó con la Organización Deportiva Panamericana y varias federaciones internacionales, a las que el organismo que rige el olimpismo les dio autonomía para decidir si reintegran a los deportistas o siguen marginándolos.

Hace unos días, una coalición de 35 países pidió al COI “aclaraciones” sobre la neutralidad exigida para los deportistas de cara a París. “Estamos muy preocupados en cuanto a la viabilidad para los deportistas olímpicos rusos y bielorrusos de participar como ‘neutrales’, mientras que son financiados y apoyados por sus Estados”, se leyó en la carta firmada por Francia, Gran Bretaña, Suecia, Polonia, Estados Unidos y Canadá, entre otros.

El COI, a través de Bach, pidió por unos Juegos Olímpicos que actúen como “catalizador para el diálogo” y “sirvan de ejemplo”. Foto Philippe Woods/IOC/Via REUTERS

“Mientras esos temas fundamentales, así como la inhumana falta de claridad y de detalles concretos sobre la definición de neutralidad no sean abordados, nosotros no aceptamos que los deportistas rusos y bielorrusos sean autorizados a regresar a la competición”, afirmaron.

En el ojo de la tormenta, el COI reiteró el jueves su repudio a una “guerra sin sentido” y su “inquebrantable solidaridad” con el pueblo y los deportistas ucranianos. Y abogó por unir “al mundo entero” en una competición pacífica y por unos Juegos Olímpicos que actúen como “catalizador para el diálogo” y “sirvan de ejemplo”.

Y concluyó: “Unidos en este espíritu olímpico, en este doloroso primer aniversario, todo el Movimiento Olímpico reitera el llamamiento que hicimos hace un año a los líderes políticos del mundo: den una oportunidad a la paz”.

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